Ahora lo Ves, Ahora No lo Ves

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Floating Island by Alex Rommel

Luego de tomar la última ración de comida que le quedaba en la alacena, el náufrago, que ya llevaba varios días esperando su rescate luego de que su pequeña embarcación fuese azotada por una tormenta inesperada que lo arrojó a una misteriosa isla en forma de tortuga de la cual no había referencia en los mapas de navegación, decidió aventurarse a buscar en los alrededores del terreno algo que le pudiese servir de alimento. Para ello se apresuró a tomar su arpón y una capucha que le protegiera del sol intenso y el viento que aún soplaba con fuerza sobre la isla.

Ya llevaba rato caminando de un lado a otro sin cruzarse con la más mínima forma de vida. No había visto ni un insecto que le diera, al menos un indicio de que no estaba solo en ese aislado lugar.
No muy lejos, en el centro de la isla, se veía una montaña de aspecto singular, era muy perfecta como para ser natural, así que nuestro amigo se dirigió allí para ver si conseguía algo con que nutrirse. A medida que se acercaba al centro de la isla, la vegetación se hacía más tupida y húmeda, hasta llegar a un claro desde donde se elevaba la peculiar montaña, la cual además de brillar, producía un zumbido intermitente como si de un latido se tratase.

Impresionado, el náufrago se acercó con cautela y al llegar a la base de la montaña quedó sorprendido de ver la cantidad de piedras preciosas que había por doquier, además de objetos metálicos que parecían ser de oro puro. Olvidándose del hambre que tenía, comenzó a recoger piedras y cristales para llevárselos a su barco, cuando de repente se encontró con un esqueleto de lo que parecía una bestia entre dinosaurio y humano.

El náufrago salió huyendo despavorido con su botín de cristales. Quería alejarse lo antes posible de ese extraño lugar, pero al llegar a la orilla de la isla vio como su pequeño barco se alejaba empujado por el viento y las olas. Fue entonces cuando una afilada garra se posó sobre su hombro, encajándole las uñas y elevándolo del suelo. El náufrago aterrado soltó los cristales e intentó zafarse, pero su lucha no llegó muy lejos. El prehistórico pájaro lo lanzó a los pies de la montaña que al momento se abrió en dos, dejando ver una enorme pirámide que se escondía en su interior y que parecía venir de otro mundo, de la cual surgió un rayo que absorbió al náufrago como si de un pitillo se tratase. En cuestión de segundos la pirámide despegó del suelo y se elevó por los cielos, desapareciendo casi instantáneamente. Del mismo modo, la isla comenzó a sumergirse y en pocos minutos no había el mínimo indicio de que hubiese existido isla alguna.

Días más tarde, la guardia costera recuperó una pequeña embarcación que navegaba a la deriva en alta mar.

E.T.